abril 12, 2021

Experiencias por el mundo.

Malvaviscos en el Volcán Pacaya…

Volcán Pacaya

Después de poco más de una hora y media, llegamos hasta el poblado del Patrocinio. Un lugar de gente amable y acostumbrados a las actividades volcánicas del gran Pacaya.

Motivados por la curiosidad y la admiración, llegamos con el entusiasmo de conocer el río de lava. Aquella franja roja que veíamos desde lejos, poco a poco, se hacía más grande e incandescente con el recorrer de la carretera.

Como para presagiar lo que estábamos por admirar, observamos los grandes cañones que dejó el Volcán de Fuego durante su erupción más reciente. Ahí comprendimos que la furia de la naturaleza no perdona nada. No hay nada que detenga la fuerza de cualquier evento de tal magnitud.

Entre nubes se dejaba ver poco a poco el imponente Pacaya.

Llegamos hasta un puesto improvisado por los guías locales para recibir a los turistas. Nosotros ansiosos bajamos del transporte y emprendimos una caminata a lo desconocido. En el cielo un manto de estrellas que ponían más suspenso a la aventura que emprendíamos en una callecilla de arena y mucho polvo.

Cada paso, entre resbalones y puntillazos valía la pena. Las nubes, por ratos, se tornaban rojizas, era el vivo retrato de la vena volcánica que se dejaba dibujar por los vapores que expedía.

Claro, no éramos los únicos en el camino. Creo que era una tarea muy complicada e imposible el contar a tantas personas. Aquello parecía una fila de hormigas, unos íbamos y otros venían. Todos asombrados por el espectáculo que significaba.

Pasaban y pasaban los minutos, los metros se sumaban como a cuentagotas. Niños, jóvenes, adultos y adultos mayores empezábamos a tomar las primeras fotografías. Si de lejos era sorprendente, no saben lo que sentimos al llegar. La noche, que era fría, ahí era cálida y llena de luz.

El escenario era único. En lo particular, yo había visto algo así en los reportajes de las grandes cadenas televisivas o en las revistas, pero nunca en vivo y a todo color y calor.

Frente a mis ojos tenía la lava ardiente de un volcán al que difícilmente olvidaré. Una sensación entre alegría y temor, y un poco de cansancio por la caminata, hacían que aquello se retratara en la memoria.

Una guía tuvo la genial idea de asar malvaviscos. Era asombroso ver como los dulces se cocinaban y se convertían en el premio para todos por lograr el ascenso y atrevernos a tal hazaña.

¿Atrevidos? Si. Pero valió la pena.

¿Corrimos peligro? Seguramente si, pues con la naturaleza no se sabe en qué momento se manifestará.

Pero algo me queda claro, la majestuosidad y magnitud de lo que vivimos difícilmente lo volveremos a vivir.

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